Nuestro diseño, nuestras reglas: la artesanía con mirada de mujer

Nuestro diseño, nuestras reglas: la artesanía con mirada de mujer

En Isla Vurma no entendemos el 8 de marzo como una fecha en el calendario en la que se pinta el logo de violeta o se lanza una promoción. Para nosotras, el 8M ocurre cada vez que nos sentamos a diseñar, cada vez que elegimos materiales con conciencia y cada vez que una mujer elige nuestras piezas.

Diseñar como acto de libertad

Históricamente, las joyas han sido símbolos otorgados: sellos de estatus, regalos de compromiso o herencias familiares. Pero hoy, la relación de la mujer con sus complementos ha cambiado. Ya no esperamos a que nos "autoricen" a brillar. Una joya es, ante todo, una decisión propia.

En Isla Vurma diseñamos para mujeres que habitan su propia piel, que eligen piezas no para ser vistas sino para sentirse representadas. Y cada pieza nace de esa mirada: una que entiende que la belleza no está reñida con la funcionalidad, y que un detalle mínimo puede ser el amuleto que nos recuerda quiénes somos en un día difícil.

Cada vez que eliges una pieza de diseño local y femenino, estás validando una forma de hacer las cosas que prioriza la ética sobre la estética vacía. Y no celebramos el 8 de marzo, porque no hay nada que celebrar. No queremos vender ni lanzar ningún cupón de descuento, pero sí nos parece bonito recordar, en un día tan simbólico, a todas nuestras proveedoras, artesanas, colaboradoras y clientas que permiten que Isla Vurma exista bajo sus propias reglas. Porque honestamente pensamos que cuando una mujer diseña su camino, el mundo entero se vuelve un poco más justo.

Y sobre todo, queremos suscribir este último párrafo que escribió Elvira Lindo en esta columna de El País:

Las principales protagonistas de ese día histórico que abraza la igualdad son aquellas a las que su voluntad ha sido arrebatada, mujeres de Irán, de Pakistán, mujeres que sufren la violencia sistemática en El Salvador, en el Congo, mujeres que salen huyendo de las bombas, que son expulsadas de su patria, mujeres que pierden la vida en el mar buscando para sus hijos una vida mejor, mujeres que se separan de sus niños para cuidar ancianos en un país como el nuestro, mujeres que nos asisten, que nos lavan, que hacen posible que otras seamos profesionales, mujeres que llevan sobre sus espaldas el desamparo de familiares dependientes, mujeres que no pueden conciliar, mujeres que fueron pioneras en la lucha sindical y a las que deberíamos rendir tributo, sí, porque es un día para escuchar también a las mayores y reconocer, con humildad, que el feminismo no es un invento reciente. Y, por encima de todo, mujeres sin voz a las que debemos prestarles la nuestra para que expresen lo que necesitan para gozar de una vida que merezca la pena.

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